El interés compuesto es rendimiento sobre rendimiento: los intereses que ganas se suman al capital y también empiezan a producir. Al principio se siente lento; con los años, la curva se dispara. Einstein no lo llamó la octava maravilla del mundo (la frase es apócrifa), pero el efecto sí es de maravilla.
Los números que lo demuestran
Aportando $200.000 mensuales con una rentabilidad promedio del 10% E.A. reinvertida:
| Años aportando | Tú pusiste | Tendrías aprox. |
|---|---|---|
| 10 años | $24.000.000 | $40.000.000 |
| 20 años | $48.000.000 | $143.000.000 |
| 30 años | $72.000.000 | $412.000.000 |
Fíjate en el patrón: en la década final el capital crece más que en las dos primeras juntas. Por eso empezar temprano vale más que aportar mucho — y por eso interrumpir el proceso a mitad de camino sale tan caro.
Las tres palancas (en orden de poder)
- Tiempo: la palanca que no se puede comprar después. Cada año que esperas es el más caro de todos.
- Constancia: el aporte mensual automático, en meses buenos y malos.
- Tasa: importa, pero menos que las otras dos. No persigas rentabilidades milagrosas: persigue décadas.
El lado oscuro
La misma matemática trabaja para el banco cuando pagas el mínimo de la tarjeta: al 25% E.A., una deuda de $1.000.000 que no abonas se duplica en unos 3 años. El interés compuesto no es bueno ni malo — la pregunta es si está a tu favor o en tu contra.